Una historia del Carnaval Vegano — 1990

Corría el año 1990 y en La Vega se respiraba carnaval. Las calles comenzaban a llenarse de alegría, música, creatividad y entusiasmo, propios de un pueblo que ha hecho de esta celebración una de sus mayores expresiones de identidad cultural.
En aquel tiempo, Yanio Concepción Silva presidía la Unión Carnavalesca Vegana (UCAVE). Desde esa responsabilidad, comprendió que el Carnaval Vegano necesitaba abrir nuevos espacios debido a la construcción de la Catedral de la Inmaculada Concepción, renovar su organización y proyectarse hacia una dimensión mayor. Así nació la iniciativa de trasladar el escenario de la celebración desde el entorno tradicional del Parque Duarte hacia un nuevo recorrido que se extendía desde el parque Elías Brache Batista, en el sector Las Flores, hasta el parque Las Palmas, en la plaza Blas Pezzotti.
No era una decisión sencilla. Cambiar el escenario de una tradición tan arraigada significaba asumir nuevos desafíos, movilizar voluntades y convencer a la ciudadanía de que el carnaval podía crecer sin perder su esencia. La propuesta impulsada por UCAVE obtuvo la aprobación de la Sala Capitular del Ayuntamiento de La Vega, durante la sindicatura de Gladys García. Se abría así un nuevo capítulo en la historia de la que ha sido llamada la «máxima expresión de la cultura popular» de La Vega.
Llegó el día del primer desfile en aquel nuevo escenario. Entre diablos cojuelos, comparsas, grupos, personajes, música y espectadores, y con un Comité Organizador (COCAVE) dirigido por el arquitecto e historiador José González, el presidente de UCAVE, Yanio Concepción, también se preparaba para salir a las calles. Esta vez lo haría con un disfraz muy especial, diseñado por su compañero de trinchera carnavalesca, Orlando Lora.
Se trataba de un diablo individual, concebido por iniciativa del arquitecto Orlando Lora, quien tuvo a su cargo el diseño de la careta y del disfraz. La careta fue elaborada en su taller, mientras que Roberto Rodríguez asumió la confección del vestuario. Su gran formato, sus colores y sus adornos le otorgaban una presencia singular.
Al colocarse aquella careta y salir al desfile, Yanio no solo participaba como un carnavalero más. También llevaba consigo la emoción de quien había contribuido a impulsar una transformación importante para la fiesta más grande de su pueblo. Detrás de aquel personaje estaba el presidente de UCAVE: el dirigente que había promovido una nueva organización del espacio carnavalesco y que ahora compartía con los veganos la alegría de aquel primer recorrido.
Con el paso del tiempo, aquel diablo se convirtió en testigo de una época. Su historia nos habla de creatividad, liderazgo y decisiones que marcan caminos; también, de hombres y mujeres que, desde distintas responsabilidades, contribuyeron a construir la memoria del Carnaval Vegano.
Hoy, este disfraz conserva mucho más que los colores y las formas de una celebración. Guarda el recuerdo de 1990, de una generación que se atrevió a renovarse sin renunciar a sus raíces y de un momento en el que el carnaval encontró nuevos espacios para seguir creciendo.
Porque detrás de cada careta hay una historia; detrás de cada desfile, un pueblo; y detrás de cada transformación, personas que se atreven a abrir nuevos caminos.
Este no es solamente el disfraz de un diablo. Es el recuerdo de un carnaval que cambió de escenario y comenzó a escribir una nueva página de su historia.