La Autopista Duarte: arteria del desarrollo y corredor de vida que debemos proteger Ríos, montañas y biodiversidad en el corazón de la República Dominicana

La Autopista Duarte: arteria del desarrollo y corredor de vida que debemos proteger Ríos, montañas y biodiversidad en el corazón de la República Dominicana

Por: Yanio Concepción

Nadie protege lo que no conoce. Por eso, la conciencia ecológica es el primer paso hacia cualquier cambio en la conducta ciudadana. Cuidar el medio ambiente empieza por comprender el valor de los ecosistemas que nos rodean y reconocer que de ellos dependen nuestra salud, nuestra economía y la calidad de vida de nuestras comunidades. Solo cuando entendemos lo que está en juego, el respeto por la naturaleza deja de ser una consigna y se convierte en hábito.

En el eje central de la República Dominicana, la Autopista Duarte conecta Santo Domingo con Santiago y enlaza la capital con el Cibao. Por sus puentes y a lo largo de su recorrido transitan personas, productos y actividades que impulsan el desarrollo del país. Junto a esta importante vía también encontramos ríos, arroyos, cañadas, manantiales, valles y paisajes que forman parte de nuestro patrimonio natural.

Así lo reconoció el Estado dominicano mediante el Decreto 233-96, que declaró corredor ecológico el tramo de la Autopista Duarte entre Santo Domingo y Santiago. Esa declaración destaca el valor ambiental de la vía y la importancia de proteger el paisaje y los recursos naturales que la rodean.

Los ríos que dan vida al corredor

El ingeniero Eleuterio Martínez, en su artículo “¿Por qué la Autopista Duarte es un Corredor Ecológico?”, identifica 27 ríos y arroyos que cruzan o bordean la vía entre Los Alcarrizos y la entrada a Santiago. Entre ellos están los tributarios del Haina y el Isabela, los arroyos Lebrón y Novillero, y los ríos Básima, Duey, Guananito, Maimón, Yuboa, Juma, Yuna, Masipedro, Jatubey, Fula, Camú, Verde, Puñal y Ensueño.

Martínez destaca también los valles intramontanos de Villa Altagracia, Bonao y la Vega Real, así como el paisaje donde se relacionan la Cordillera Central y la Sierra de Yamasá. Su propuesta es clara, porque nos invita a mirar la Autopista Duarte no solo como una vía de tránsito, sino como un recorrido natural que merece ser conocido, señalizado y protegido. El ingeniero plantea, además, poner en práctica el corredor ecológico y ofrece asistencia técnica para contribuir a ese propósito.

Las madres de las aguas

Ese caudal no nace en la autopista. Nace en las montañas. Los vientos alisios traen desde el Atlántico la humedad que, al chocar con el relieve de la Cordillera Central, se convierte en lluvia. Los bosques retienen esa agua y alimentan los nacimientos, los ríos y los acuíferos de los que dependen los hogares, la agricultura y la industria. Por eso proteger las “madres de las aguas” es proteger toda la vida que se desarrolla aguas abajo.

El maestro Luis Carvajal lo resume en su artículo El espejismo de los imperios y la sed de la isla: “la soberanía empieza por defender la base material de la vida”. Esa base son las cuencas de la Cordillera Central, los suelos fértiles y los manglares. Voces como la suya, la del doctor Ricardo Nieves y la del ingeniero Martínez, junto a miles de ciudadanos comprometidos, nos recuerdan que cada nacimiento de agua y cada bosque merecen atención.

Una isla frente al cambio climático

La vía que lleva el nombre de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria, enfrenta hoy lluvias cada vez más intensas, inundaciones y erosión. Sus puentes y su infraestructura requieren mantenimiento y adaptación, y cada intervención debe hacerse protegiendo los ríos, las cuencas y la vegetación que los acompaña.

En su intervención ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Luis Abinader habló de la vulnerabilidad climática de los Estados insulares, del aumento del nivel del mar, del sargazo y de la necesidad de proteger la biodiversidad marina. Ese llamado internacional también nos obliga dentro del país a conservar los bosques y las cuencas que sostienen el agua, prevenir la contaminación y preparar a las comunidades ante tormentas e inundaciones.

Reforestar con plan y continuidad

Mantener y recuperar la cobertura vegetal de la Autopista Duarte debe ser una prioridad. Los árboles dan sombra, moderan la temperatura, protegen el suelo y reducen el polvo y el ruido que afectan a las comunidades y a quienes transitan por la vía. En una isla vulnerable, cada área verde conservada fortalece nuestra capacidad de adaptación.

Pero sembrar un día no basta. Hace falta proteger la vegetación existente y sembrar especies nativas adecuadas, con orientación técnica y coordinación entre las autoridades, los gobiernos locales, las comunidades y el sector privado. También es necesario educar, señalizar los ríos y arroyos y promover el cuidado de las fuentes de agua que forman parte de este corredor.

Desde el cooperativismo sabemos que el bienestar colectivo se construye entre todos. El compromiso con la comunidad es uno de nuestros principios, y la comunidad incluye el territorio que habitamos y el agua que bebemos.

Loma Miranda: una deuda pendiente

Este adeudo llega necesariamente a Loma Miranda. Su biodiversidad, sus paisajes y su papel en los recursos hídricos de la región justifican una protección efectiva y duradera.

En la Sentencia TC/0167/13, el Tribunal Constitucional revisó una decisión de amparo sobre los trabajos mineros de Falconbridge Dominicana en esa zona. El Tribunal subrayó la importancia de las evaluaciones de impacto ambiental y de preservar el equilibrio ecológico. Loma Miranda sigue siendo una deuda pendiente. Aunque la sentencia no la declaró Parque Nacional, hoy existe una nueva esperanza: un proyecto de ley aprobado por el Senado y pendiente de conocimiento en la Cámara de Diputados busca otorgarle esta categoría. Este anhelo ciudadano ha encontrado en Monseñor Antonio Camilo González una voz firme y perseverante. Desde la Diócesis, y en comunión con la Conferencia del Episcopado Dominicano, Monseñor Camilo hizo suyo este reclamo nacional, defendiendo el derecho de las presentes y futuras generaciones a preservar el agua, la biodiversidad y la vida que alberga Loma Miranda. Su lucha forma parte de una causa que trasciende generaciones: hacer realidad la protección legal de Loma Miranda como patrimonio natural de todos los dominicanos.

Cuidar nuestra casa común

Proteger la Autopista Duarte y defender Loma Miranda son dos caras de un mismo compromiso. La educación ambiental tiene que convertirse en acción ciudadana, en políticas públicas y en una gestión responsable del territorio. El desarrollo y la conservación no son enemigos, al contrario, avanzan juntos cuando ponemos en el centro la vida, el agua y el bien común.

La naturaleza nos da sombra, agua, biodiversidad y equilibrio. Lo que nos pide a cambio es que no la olvidemos. Hacer realidad el corredor ecológico de la Autopista Duarte y proteger Loma Miranda es cuidar nuestra casa común y la herencia que dejaremos a las futuras generaciones.

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